Los últimos años no fueron los mejores para la venta de terminales celulares (mayormente smartphones). Luego de picos en el 2015 y 2017, donde el total de equipos —incluyendo los de contrabando— superó los 13 millones de unidades, tuvo un descenso marcado en los años siguientes para llegar al punto más bajo en 2020, año pandémico, donde perforó los 7 M. Si bien luego se recuperó (con altibajos), nunca llegó a los niveles anteriores. Este derrotero tuvo que ver con factores propios de la industria a nivel global aunque también con aspectos netamente locales.
Se puede decir que una parte de la caída es orgánica y global. Desde hace unos años, las innovaciones en materia de smartphones no han aportado usos nuevos significativos que incentiven la renovación. Esto marca una gran diferencia con hitos que impulsaron la renovación anticipada como lo fue en su momento la posibilidad de enviar y recibir SMS, tomar fotos, acceder a Internet, agregar apps o consumir video. Todo desde un único dispositivo. Así, la desaceleración del crecimiento de las ventas globales, y en ocasiones con caídas, fue característica de los últimos años.
A nivel local, un entorno macroeconómico desfavorable atentó contra la renovación en la medida en que los equipos siguieran siendo funcionales. Tampoco hay que dejar de lado la incidencia de las políticas cambiarias: cuando hubo múltiples cotizaciones (con una amplitud de brecha significativa entre dólar oficial y blue), no hubo contrabando o mercado ilegal. Éste operaba con dólar blue o libre, sensiblemente más caro que el oficial. Imposible competir. Pero cuando hubo mercado cambiario unificado o de poca brecha, como fue durante las gestiones de Macri y Milei, se disparó el contrabando. A un mismo valor de dólar, el contrabando cuenta con la ventaja de evitar el “costo argentino”, no sólo arancelario sino también impositivo (IVA, Ganancias, IIBB, otros). Hoy, en base a las activaciones de equipos nuevos —dato que manejan los fabricantes— se estima que el mercado “no registrado” equivale a aproximadamente un tercio del volumen de equipos que pasan por la aduana, tanto los importados como los que llegan de Tierra del Fuego.

El 2025 tuvo además la novedad de ser un año en el que empezó a introducirse una rebaja tributaria, tanto en términos de impuestos internos como aranceles —a lo que se sumó una nueva rebaja en enero pasado—. En este contexto, si bien creció la importación legal, tampoco fue una suba tan marcada. Alcanzó apenas al 5% del total. Entre las marcas con más equipos importados figuran Motorola (aunque representó apenas el 4% del volumen total de la marca), Apple (sin sorpresas) y las chinas Oppo, Realme, Infinix, Honor y Xiaomi.
A pesar de la importación, la participación de mercado no se alteró demasiado, con Samsung liderando con el 42% de los equipos ingresados al país, seguido por Motorola, con el 37%. Así se mantiene la distribución de los últimos años, con ambas marcas concentrando alrededor del 80% del volumen total.
En este escenario, si bien el mercado “en blanco” sigue lejos de los grandes valores de antaño, creció un 12%, hasta alcanzar los 6,6 M de unidades. La expectativa está ahora puesta en lo que suceda en el 2026, luego de que la rebaja tributaria (eliminación de aranceles y rebaja de la tasa de impuestos internos) llevara a que los importados se acerquen a la carga tributaria de los de Tierra del Fuego, que de todos modos, mantiene los beneficios fiscales del régimen de la isla: exenciones en Ganancias, IVA, derechos de importación y exportación, Impuestos Internos. Promete ser un año movido. El crecimiento esperado de la oferta importada obligará a los productores de Tierra del Fuego a afinar el lápiz.
