
Como todos los años para estas fechas, esta semana tuvo lugar el MWC (Mobile World Congress) en la ciudad de Barcelona. Un evento que ya no sólo convoca a la industria móvil sino también, y crecientemente, a otras cuya relación con la móvil es menos evidente. Más allá de ser un gran evento de networking por el atractivo de su amplia y variada convocatoria, es también un termómetro anual de lo que sucede en el ámbito de las telecomunicaciones y actividades aledañas. Veamos.
A pesar de la M en su nombre, de Mobile tiene cada vez menos. Considerando que, grosso modo, cada década correlaciona con una generación (2000-3G, 2010-4G, 2020-5G), llama la atención la poca mención a 6G que, en teoría, debería estar incubándose para ser una realidad en la década del 2030. En esto seguramente juegan los limitados beneficios concretos que aportó 5G, particularmente al no traducirse en nuevos ingresos de casos de uso para los operadores que, no obstante, hicieron grandes inversiones en espectro y modernización de redes. Prueba de ello es que el CEO de Ericsson, uno de los principales proveedores de equipamiento y software para redes de telecomunicaciones, en una presentación explicó que la industria está entrando en una nueva era impulsada por la creciente demanda de IA y la multiplicación de los dispositivos conectados. El argumento es que las aplicaciones de alto rendimiento ahora requieren 5G SA (stand alone) y que, lógicamente, no alcanza con la 5G NSA (non stand alone) que utiliza la mayoría de los operadores. Evidentemente, que a 7 años de su primer lanzamiento comercial todavía los vendors tengan que exponer argumentos para que los operadores inviertan en 5G es síntoma de que algo no funcionó como se esperaba. O, por lo menos, que todavía no produjo la revolución que prometía. La sensación entre los operadores es que les corren constantemente el arco: primero 5G NSA, luego 5G SA y, después, 5G Advanced. Por lo tanto, todo indica que la prevalencia de 5G se extenderá más allá de una década, a diferencia de las generaciones anteriores (aclaración: prevalencia NO es vigencia). Luego vendrá, en algún momento, 6G, dando lugar a las que serán redes nativas para la IA. Ya se habla de la “Next Generation Infrastructure”.
Esto es interesante porque le da a la infraestructura un rol clave en el uso de la IA. Es que a medida que la IA pasa de generar contenido a coordinar acciones físicas como es el caso de robots (humanoides o industriales), vehículos autónomos, automatización industrial, la función de las redes también cambia. Pasan de transmitir datos informativos a gestionar datos operativos y que producen acciones en el mundo real. En este escenario de la IA física las demandas hacia la red son claramente otras. Las mejoras en el ancho de banda ya no son tan relevantes, pero sí pasan a serlo aspectos tales como la latencia y la cobertura. Pero antes de llegar a este punto, que requerirá de una nueva ronda de inversiones por parte de operadores y también de usuarios, las telcos encararán a la IA desde una perspectiva que se podría designar como “de consumo interno”. Esto es, su utilización para complementar —y también reemplazar— a los seres humanos en la gestión de la red, la prestación de servicios (existentes o nuevos) o la atención al cliente. Algo que en distinta medida, sucede y sucederá en todo tipo de actividad.
Esto hace que los operadores se enfrenten a un escenario en el cual deben reforzar sus inversiones para ofrecer servicios avanzados con la máxima eficiencia aunque con ingresos que, al menos hasta ahora, no aumentan proporcionalmente. En este aspecto, tanto operadores europeos como latinoamericanos expresaron, en distintos paneles en los cuales participaron, su demanda por marcos que no obstaculicen la consolidación. Es de destacar que durante el primer cuarto de siglo tanto Europa como Latinoamérica estuvieron regidas por modelos regulatorios similares. Modelos que fueron muy efectivos para pasar de esquemas monopólicos (primero estatales, luego privados) a mercados abiertos a la competencia que capitalizaron y potenciaron la explosión y masificación de la banda ancha y las comunicaciones móviles. Hoy, con mercados ya maduros, a ambos lados del Atlántico el reclamo es por un marco que haga viable la inversión que la evolución tecnológica demanda.
Lógicamente, el tema satelital no podía estar ausente en los paneles que formaron parte de los keynotes. De hecho, en dos de los cinco que tuvieron lugar el primer día incluyeron a ejecutivos de Starlink. Los mismos se encargaron de describir lo que bautizaron como Starlink Mobile, una constelación satelital directa a celulares (D2C por Direct to cell), indicando que están en la etapa de lanzamiento de la segunda generación de satélites que, utilizando espectro en banda S (de operación internacional) proporcionará conectividad similar a la terrestre a smartphones estándar. Si bien la constelación podría ofrecer cobertura global y continua en un plazo de seis meses, no se espera amplia disponibilidad de dispositivos compatibles antes de mediados del 2027. Actualmente, son muy pocos los modelos aptos, todos de las gamas más altas. De más está decir que esta interacción de redes locales (terrestres) y globales (satelitales) será todo un desafío en términos de armonización de normas y políticas. Sin dudas, el debate que se viene.
Por supuesto, no faltaron los robots, que gracias a la IA están logrando un grado de desarrollo notable. Esto les permite aspirar a un rol cada vez más relevante en la vida cotidiana. En un contexto de mayores expectativas de vida combinadas con la disminución de la natalidad —por debajo del “punto de reposición”— se prevé una demanda sostenida, tanto para tareas de acompañamiento como para las productivas. Harán falta más “manos” para llevar a cabo diversas actividades. Tal es así que China, quizás el país más avanzado en robótica, particularmente la humanoide, ya vio y lo refleja su el último plan quinquenal presentado por el gobierno.
A diferencia de lo que ocurrió históricamente (salvo durante la pandemia), este año hubo menos asistentes al MWC que el año anterior. Se atribuye este retroceso al estallido del conflicto en Irán que inutilizó hubs aéreos importantes en el Golfo Pérsico justo en el fin de semana previo al evento, dejando a miles de viajeros varados o en sus lugares de origen.
Como ya sucedió el año pasado, la presencia de la IA tanto en el congreso como en los stands fue tal que ya eclipsa el aspecto netamente “Mobile” del evento. Un reflejo de lo que se ve fuera.
