
Si hay un tema que la industria móvil tiene constantemente en el radar, es el impacto que puede tener la masificación de los servicios D2D satelitales. Starlink ya ha dado muestras de avanzar en este sentido, aunque todavía en etapa inicial. La compra de espectro terrestre, más la declaración de que podría recurrir a las antenas de clientes para utilizarlas también como infraestructura de conectividad terrestre, hicieron más concreta esta amenaza. Posible o no, no tiene mucho sentido imaginarse a Musk ingresando a un mercado maduro, sino más bien impulsando uno nuevo.
Distintos actores de la industria, desde ejecutivos hasta analistas, cuestionan la voluntad de incursión de Starlink en el negocio móvil en los EEUU (donde ya cuenta con espectro comprado a EchoStar que sirve tanto para móvil satelital como terrestre). Pensando a escala global, como opera Starlink, la de EEUU sería una estrategia difícil de replicar en otros mercados. En cada caso debería acceder a espectro así como a infraestructura en tierra para poder operar servicios móviles terrestres y proveer así cobertura tanto indoor como en zonas de alta densidad.
Una alternativa posible para este despliegue en tierra es colocar pequeñas femtoceldas en las antenas de los clientes de Starlink, convirtiéndolas en la práctica en una pequeña radiobase para conectividad móvil terrestre. De esta forma, el backhaul es satelital (lo que acelera el despliegue). No obstante, para asegurar buena cobertura en zonas urbanas y densamente pobladas, necesita establecer algún acuerdo de OMV mientras su red va creciendo. Hay que considerar que la mayor parte del uso real de los móviles es en zonas urbanas, donde la red que necesitaría Starlink aún tiene que construirse de forma convencional o alquilarse a alguien que lo haya hecho.
Si esta estrategia es viable, no es quizás lo más relevante. La pregunta es por qué, conociendo su historial, Musk querría ingresar desde cero al negocio tradicional de comunicaciones móviles. Que la conectividad de Starlink esté disponible en prácticamente cualquier lugar de la Tierra no es un beneficio que hará que clientes de otros operadores migren en masa a su servicio. Musk tiene un historial en innovación, revolucionando mercados existentes y creando nuevos. Ser el cuarto OMR (operador móvil de red) en EEUU no está en línea con el personaje.
Repasando sus activos, SpaceX posee diversas características como para pensar más allá de un operador móvil tradicional. En primer lugar, cuenta con una inmensa capacidad de puesta en órbita de satélites. Esto no es menor en un momento en que justamente el lanzamiento es el cuello de botella de diversas constelaciones satelitales en desarrollo o por desplegar. Contar con una importante capacidad propia de lanzamientos le da a SpaceX una ventaja considerable a la hora de modernizar y multiplicar el tamaño de su constelación en relación con sus competidores. Esto le permite a su vez contar con una red densa y extendida y, no menos importante, en constante evolución tecnológica. Le da a Starlink un alcance verdaderamente global, lo que contrasta con las redes móviles terrestres que son básicamente operaciones locales. Para cerrar, el peso de la infraestructura de IA es creciente y el concepto de llevar mini datacenters al espacio (con ventajas en cuanto a energía ilimitada y enfriamiento gratuito más su conectividad LEO) puede ser la base de una red distribuida de proximidad con los dispositivos conectados en tierra.
Más allá de la dificultad operativa que implica convertirse en un operador móvil clásico, hay una razón de fondo más simple: el negocio de conectar smartphones ya no crece como antaño. No obstante, sí hay mucho camino por recorrer en la conectividad de dispositivos de todo tipo, tanto fijos como móviles, por aire, agua o tierra. Desde drones hasta robots y vehículos autónomos pasando por cámaras y sensores, como parte activa de tareas de logística, seguridad, monitoreo, operación de maquinaria, etc., tanto dentro como fuera de la cobertura de redes móviles tradicionales. Se trata de actividades que pueden potenciarse con un acceso inmediato y de baja latencia a la IA en el borde de la red, priorizando aplicaciones específicas. Un camino que recién comienza a recorrer la industria móvil con los “servicios de baja altura”, que combinan las redes 5G para el control de vuelo y la transmisión de datos con la nube para su procesamiento. La limitación es que sus redes no tienen la cobertura total que sí puede tener la conectividad satelital. Se trata de un mercado con un potencial enorme, aunque al costo de acostumbrarse a una creciente multiplicación de objetos autónomos volando, circulando o, simplemente, monitoreando.
