En busca del heredero

En los últimos días se hicieron públicas nuevas proyecciones sobre el crecimiento del mercado global de smartphones para este año, y coinciden en un mismo sentido: la revisión es a la baja. Mientras tanto, crece el número de actores que trabajan en una nueva generación de dispositivos personales impulsados por inteligencia artificial, que podrían reducir la relevancia del smartphone, cuando no a reemplazarlo.

Primero fue IDC, que ajustó a la baja sus previsiones para 2025: del 2,3% original, pasó a proyectar apenas un 0,6% de crecimiento. Luego fue el turno de Counterpoint Research, que redujo su estimación para este año de 4,2% a 1,9%. Dentro de las múltiples causas de la revisión de estos números hay factores que hacen al entorno, como la inflación, el desempleo o las tensiones geopolíticas. Algunos incluyen también el impacto de las modificaciones arancelarias en los EEUU, aunque su impacto se limita al aproximadamente 10% que este país representa en las ventas globales.

Pero más allá del contexto global, hay señales claras dentro del propio negocio de los smartphones. Una de ellas es el crecimiento sostenido del mercado de equipos reacondicionados y usados, que en 2024 representó entre el 25% y el 30% del volumen de ventas de dispositivos nuevos y que muestra un significativo crecimiento en los últimos años. Un fenómeno que responde, en parte, al aumento de precios, especialmente en gama alta. A modo de ejemplo, los US$ 499 que costaba el primer iPhone al momento de su lanzamiento equivalen actualmente, inflación mediante, US$ 755. Hoy, sus versiones más avanzadas arrancan en US$ 999.

Tampoco ayudó la llegada del 5G, cuyas mejoras no se tradujeron en beneficios tangibles para el usuario promedio. Adicionalmente, en los últimos años, las principales novedades se centraron en pantallas, cámaras y diseño —incluyendo los dispositivos plegables—, pero nada que un equipo de hace algunos años mayormente no pueda seguir haciendo con eficacia. El resultado es un ciclo de renovación cada vez más largo, con usuarios que ya no ven al smartphone como un símbolo de innovación constante.

Como si todo esto fuera poco, se suma el impacto de las nuevas regulaciones europeas que entraran en vigencia durante este mes de junio. Como una forma de reducir el impacto ecológico del descarte de smartphones, la UE estableció nuevos requisitos que apuntan a prolongar la vida útil de este tipo de dispositivos. Los mismos apuntan a una mayor facilidad de reparación, el establecimiento de un mínimo de cinco años de actualizaciones de software y una mayor duración de las baterías. Bueno para el medioambiente, no tanto para los fabricantes.

Todas estas son señales de que el mercado de smartphones está llegando a su pico y que, de aquí en más, cada punto de crecimiento será un verdadero logro. Un escenario que se da cuando la inteligencia artificial comienza a tener un enorme y acelerado impacto en todos los ámbitos, incluido el de los dispositivos personales.

El smartphone, por supuesto, no es ajeno a esta irrupción. La IA ya no se limita a sus usos iniciales de editar fotos o videos. Hoy se trata más de automatizar tareas en función del contexto, habilita traducciones simultáneas y muchas otras funciones que aún se están empezando a descubrir. Pero mientras esto sucede con los smartphones, llegan nuevos dispositivos de hardware basados en IA que tienen el potencial de funcionar sin necesidad de un smartphone o, en el mejor de los casos, convertirse en un periférico que actúa como una mini nube que ofrece capacidad de procesamiento y conectividad.

Es el caso, por ejemplo, de las gafas inteligentes con IA. Ya no se trata de los aparatosos cascos como el Vision Pro de Apple o las Meta Quest, dispositivos que tan solo pueden usarse puertas adentro y durante unas horas debido a su peso y dimensiones. Se trata de verdaderos wearables, como las gafas que la propia Meta está desarrollando con Ray-Ban o, en el caso de Alphabet, con las gafas con Android XR. Gafas (o anteojos si se prefiere) con formatos tradicionales que permiten un uso más cotidiano. Pero algunos van más allá, desarrollando un dispositivo portátil, sin pantalla pero con cámara y micrófono, que entiende el contexto y acompaña al usuario, pero es menos intrusivo. Tal es el caso del dispositivo compacto y liviano que OpenAI promete para el 2027 y que se inspira en el Humane AI Pin, que fracasó por llegar antes de tiempo. Esta nueva camada de dispositivos apunta a reducir fricciones en la interacción, más que a sumar funciones, y tiende a desplazar al smartphone al convertir al entorno en la nueva interfaz.

Eso sí: el smartphone no desaparecerá en el corto ni mediano plazo. Se ha convertido en una pieza central de la vida moderna. No sólo es una herramienta de comunicación y socialización; también es billetera, almacena documentación personal, gestiona accesos con tokens, y mucho más. Pero ya no lidera la innovación. En alguna medida, repitiendo la historia de la PC, que dominó la escena de los dispositivos tecnológicos hasta la llegada de, justamente, el smartphone. Pero ahora es víctima de una reinvención tecnológica que recién acaba de comenzar y debe prepararse para ceder su trono.

Acerca del autor

Enrique Carrier

Analista del mercado de telecomunicaciones y nuevos medios, basado en Buenos Aires, Argentina

Por Enrique Carrier

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