
Se asoma el fin de año y con él llega el momento de mirar hacia atrás, repasar lo sucedido con cierta distancia, extraer conclusiones y utilizarlas como insumo para intentar garabatear lo que sucederá el año próximo. Todo desde una mirada local y también regional y global. Porque no estamos solos y lo que sucede no siempre responde a fenómenos locales.
En el plano local, una economía más estable sin dudas ofreció un marco propicio para el sector. Se mantuvo y profundizó el proceso de baja de inflación —que no es lo mismo que hablar de inflación baja, porque todavía no lo es—, lo que fue fundamental para lograr un entorno más estable. Esto se manifestó en la recuperación del ARPU y de los ingresos, luego de varios años de caída, aunque de ningún modo significa haber vuelto a épocas doradas. Es como pretender volver a la juventud. Ya pasó. También fue importante contar con un dólar más accesible y estable para afrontar inversiones y gastos de operación en divisas, una gran limitante en los años anteriores. No obstante, todavía es muy poco lo que se avanzó para contrarrestar la asfixia fiscal. Queda mucho camino por recorrer, especialmente en términos de tasas e impuestos aplicables a nivel provincial y municipal, que suelen tener su base imponible en la facturación y no en la rentabilidad de las operaciones. Dependerá del tratamiento de diversas leyes previstas para 2026 —el presupuesto entre ellas, pero no exclusivamente— para llevar la presión fiscal a niveles razonables y más acordes con los existentes en otros países. Un objetivo que beneficiaría no sólo al sector sino a la economía en su conjunto.
2025 fue un año donde se continuó y aceleró el proceso de reconfiguración del mercado. Una reconfiguración que impacta en todo tipo de servicios y de actores. En un contexto macro más favorable, el reemplazo del cobre por la fibra (FTTH) siguió a pasos acelerados. Desde su lugar de única tecnología cableada competitiva, las proyecciones ubican a los accesos de fibra en el primer lugar, emparejados con los coaxiales (HFC), aunque ambos con tendencias opuestas. Un dato interesante que evidencia estos movimientos es que para 2026 Personal prevé triplicar la migración de clientes HFC a FTTH, pasando de 15.000 manzanas desplegadas en 2022 a 30.000 en 2025. También es fuerte el avance de fibra de todos los actores, desde un Claro que sigue con sus despliegues green field, a los múltiples operadores de TV paga en un fuerte proceso de migración, pasando por ISP inalámbricos y cooperativas. Sin embargo, el camino a recorrer todavía es largo. Con una penetración de apenas por encima del 42% de todos los accesos de banda ancha, la fibra en Argentina tiene una penetración significativamente menor que la de otros países de la región, según datos de IBITIC 2025.
No se puede repasar el 2025 en Argentina sin dedicarle un capítulo a la revolución en conectividad que significó el desembarco de Starlink. En menos de 2 años alcanzó los 400.000 accesos en Argentina, convirtiéndose en el segundo mayor mercado de Latinoamérica (detrás de Brasil) y el quinto a nivel global. Starlink vino no sólo a cerrar la brecha geográfica —hoy no hay punto del país que no tenga cobertura por un precio competitivo— sino que también se convirtió en un competidor de peso para los ISP, particularmente allí donde no hay cobertura de fibra. Ante un rival de estas características, para esos ISP las opciones son migrar a fibra o morir, quizás no tan lentamente, a manos de la conectividad satelital moderna. Un mercado que seguramente tendrá un nuevo impulso en 2026 con el comienzo de las operaciones de Amazon LEO que en Latinoamérica será comercializado por DirecTV, operador con experiencia en la provisión de servicios satelitales en forma masiva.
Más complejo resulta el panorama para los tradicionales operadores de TV paga. Básicamente, los cableros, que están sintiendo los efectos de un cambio de era atravesando una tormenta perfecta. Por un lado, la competencia del streaming, tanto legal como ilegal, con el impacto en la base de suscriptores. Por el otro, el aumento de los costos del contenido, en manos muchas veces de proveedores que también les compiten con sus plataformas de streaming directas al consumidor. Nada indica que esta situación vaya a mejorar en 2026. Un escenario bastante negro para pequeños operadores locales o regionales.
La salida de Telefónica de Hispanoamérica fue sin dudas un hecho clave en la región. Con una seguidilla de operaciones de venta, algunas con salidas abruptas (como fue el caso argentino, con la venta a Telecom y su partida ipso facto), dio lugar a una notable aceleración del proceso de consolidación de operadores, tanto a nivel local como regional. Se da un escenario novedoso, que no fue aquél en el cual se basó la regulación vigente. Por lo tanto, algunas de estas operaciones implican desafíos para los reguladores que intervienen en estos procesos. Ya el caso Colombia marcó un camino que deberá refrendarse en los hechos. Pero no deja de ser significativa la apertura mental hacia un nuevo escenario que demanda nuevos enfoques. El 2026 marcará si este fue, efectivamente, el inicio de una tendencia.
El 2025 también fue un año hito en el mercado de smartphones. Las rebajas arancelarias e impositivas, que tendrán un nuevo round a principios de 2026, abrieron la puerta para una reconfiguración de la oferta, con el ingreso de marcas globales sin presencia en Tierra del Fuego. El regreso de la comercialización de Apple, la llegada de marcas como Oppo, Honor, hasta el retorno de Huawei dan la pauta de un escenario de mayor competencia para los líderes establecidos, Motorola y Samsung, y más aún para las marcas que producen en la isla, pero sin sus volúmenes. Sin embargo, si no se actúa con decisión, seguirá siendo un problema el ingreso de equipos en forma ilegal, que actualmente tiene un volumen equivalente a entre 1/4 y 1/3 del total del mercado. Una bestialidad.
Por supuesto, en el año de la IA, Argentina no podía estar al margen. Hizo lo suyo con el anuncio de OpenAI que se había comprometido a comprar la capacidad de procesamiento de un datacenter de próxima construcción. No hubo grandes avances o precisiones con posterioridad al anuncio, pero el entusiasmo de jugar en las grandes ligas de la infraestructura para IA no decae.
En cuanto al accionar del Enacom, el mismo presentó aciertos, pero también controversias. Quizás el punto más alto haya sido la reforma del Fondo del Servicio Universal, que en algunos casos reemplazó los subsidios directos por instrumentos financieros del mercado, pero con aporte estatal. Más allá del aporte de las instituciones en la evaluación y seguimiento de los proyectos financiados, este mecanismo tiene la virtud de que los fondos no se agotan, sino que circulan para permitir financiar más iniciativas. Habrá que evaluar su funcionamiento dentro de algún tiempo, pero en los papeles luce bien. Otro punto alto del regulador fue su intervención en casos donde se ponen trabas a los despliegues de infraestructura. Aunque lo ideal sería que no tuviese que intervenir para destrabar barreras burocráticas.
No obstante, la intención de desarrollar una red mayorista neutral 5G para conectividad fija y la atribución de espectro para redes privadas móviles fueron medidas que despertaron miradas de reojo entre los operadores de todo tipo. La red mayorista neutral presentó dos grandes debilidades. Una es haber elegido una tecnología en particular y no objetivos de cobertura. La otra, que al ser una red mayorista que ofrece capilaridad significa habilitar el ingreso de múltiples operadores en zonas que no son viables ni siquiera para uno solo (y por eso están desatendidas). Eso, sumado a la falta inicial de precisiones clave, hizo que no despertara mucho entusiasmo el plan. Por otra parte, la formalización y el impulso de las redes privadas inalámbricas de banda ancha bajo el nombre de Sistemas Privados Inalámbricos de Banda Ancha (SPIBA) tuvo la virtud de lograr la oposición de todo tipo de operadores, los móviles (vía GSMA) y los que aspiran a serlo (vía LAC-ISP / CABASE), aunque lógicamente, por motivos distintos.
También fue llamativa la decisión de reducir el cap de espectro para 5G por operador de 200 a 150 MHz. Una movida a contramano de lo que sucede en el mundo, donde se tiende a que los operadores dispongan de más espectro, no de menos. Pero que tampoco se entiende habida cuenta del espectro ocioso, como el reservado a Arsat. La empresa estatal que adelantó que como parte de su plan de acción “durante el año 2025 se prevé la ampliación del capital accionario con salida a bolsas y mercados“. Todavía le quedan algunos días al año, pero todo parece indicar que no será.
Mientras tanto, a nivel global, en el mundo de las telecomunicaciones las cosas parecen estar bastante definidas. La fibra es la tecnología terrestre por defecto. Los operadores móviles siguen buscando la forma de rentabilizar las inversiones en 5G, cuyo mayor caso de éxito es la FWA, pero que no deja de ser un complemento de la fibra. La gran pelea es por el espacio. Y no sólo por ser un terreno donde el rey es hoy Starlink, con una amplia ventaja por sobre el resto que también quiere su constelación, sino también porque lidera la conectividad satelital directa al dispositivo (D2D). Este año mostró una rápida progresión desde las pruebas hasta los lanzamientos comerciales ya en marcha en varios países, entre ellos Estados Unidos, Chile, Japón, Nueva Zelanda y Australia, y varios más buscando sumarse a la lista. Su rápida evolución también se da en sus capacidades, con algunos servicios que van más allá de los mensajes de texto y admiten datos en determinadas aplicaciones e incluso videollamadas en WhatsApp. El deseo de operadores de todo el mundo por igualar una capacidad que pasó de ser un lujo para convertirse en una ventaja competitiva. En otras palabras, el fenómeno D2D está en franca expansión y el 2026 será un año en el que comience a haber definiciones regulatorias y comerciales vinculadas a la utilización de espectro para servicios móviles terrestres por parte de operadores satelitales. Una batalla que no pasará desapercibida.
Otra gran vedette de la industria tecnológica global fue la IA y todo el ecosistema que se mueve a su alrededor. Aunque lejos aún del impacto disruptivo total que promete, sus efectos se sienten en diversos ámbitos. El 2025 estuvo marcado por mejoras incrementales en los modelos —que fueron cambiando la perspectiva de los distintos actores—, una continua fiebre de inversiones en centros de datos y una tendencia a la financiación circular en algunos casos, particularmente en los que involucran a OpenAI, que a diferencia de rivales como Alphabet, no cuenta con el efectivo necesario para financiar todo lo que pretende. Pero la IA está atravesando una transformación en su percepción, dejando de vérsela tanto como magia y mucho más como una nueva y demandante infraestructura, que necesita de software, de procesadores de altísima capacidad, de fábricas en condiciones de producirlos, de nuevas y mejores fuentes de energía. Todo esto se traduce en cuantiosas inversiones y de tiempo, que debe ser el menor posible.
Tal es la relevancia de la IA que capturó una parte no menor de la guerra geopolítica que ya no se limita a la nacionalidad y propiedad de empresas de infraestructura de telecomunicaciones (ej. Huawei, ZTE, etc.), sino que se extiende a la infraestructura de IA en todas sus aristas: procesadores, equipos de fabricación de chips, ubicación de centros de datos y de fábricas, generación energética, minerales raros, etc. Un complejo ecosistema quedó involucrado en la disputa geopolítica.
El balance del 2025 deja sensaciones encontradas. Hay avances innegables: mayor estabilidad económica, aceleración en el despliegue de fibra, nuevos actores que oxigenan el mercado. Pero también quedan pendientes estructurales: la presión fiscal sigue ahogando, la regulación no siempre acompaña las dinámicas del mercado, y las transformaciones tecnológicas avanzan más rápido que la capacidad de adaptación de muchos jugadores. El 2026 se presenta como un año donde estas tensiones deberán encontrar algún tipo de resolución. O al menos, de encauzamiento. Porque quedarse quieto no es una opción. Es, simplemente, empezar a desaparecer.
