Los últimos tiempos fueron ricos en noticias e informaciones vinculadas al sector satelital que dan la pauta de la transformación que está atravesando y que a su vez deberían generar preguntas respecto de su impacto en Argentina.
Una noticia relevante fue la convocatoria de acreedores (el famoso Chapter 11) de Hughes Network Systems, una subsidiaria de EchoStar, con gran presencia en el continente americano (tanto norte como sur) y referente en la conectividad satelital en el mercado masivo a través de HughesNet. La empresa tiene una deuda de US$ 1.500 M que venció el 1º de agosto y que no pudo afrontar. Por lo tanto, además de renegociarla, su intención es focalizar sus operaciones en empresas, gobiernos y defensa ante el descenso del número de abonados a servicios de banda ancha para particulares resultante de la competencia.
Según la empresa, además del vencimiento de una deuda impagable, la situación se debe a la transición del mercado de banda ancha satelital de GEO a LEO, con el impacto producido por Starlink y a quien en breve se le sumará Amazon LEO. Las ventajas de la tecnología LEO en materia de velocidad y latencia, combinadas con la facilidad de instalación, son evidentes, sin dejar de lado su impacto en los precios del servicio. A esto se sumaron las grandes escalas y cobertura en todo el continente americano, donde se focaliza el servicio de HughesNet.
Parte de la cobertura mediática de la noticia hizo hincapié en la degradación de algunas cifras en el segundo trimestre: pérdida neta de 59.000 clientes de banda ancha (una aceleración frente a los 34.000 perdidos un año atrás); cierre con 641.000 clientes, representando una caída del 22% frente a los 819.000 clientes que tenía el año pasado para esta fecha. Pero claramente, los problemas no empezaron en los últimos meses.
Retrocediendo más en el tiempo, se observa una clara correlación entre el retroceso de HughesNet y el avance de Starlink. HughesNet tuvo su nivel más alto de suscriptores en el 2020, cuando alcanzó los 1,56 millones. Desde entonces, esta cifra recorrió un camino descendente hasta los 641 mil actuales, equivalente a una pérdida del 60% de suscriptores en el mismo período en que apareció Starlink, que en 2020 tenía apenas 10.000 clientes y hoy alcanza los 12 millones.

La de Hughes es la segunda convocatoria de acreedores relacionada con EchoStar en prácticamente un mes. Se trata de su subsidiaria Dish DBS, operador de TV satelital, víctima del “cord cutting”, el cual también impacta a este negocio habida cuenta de que la conectividad de Starlink permite, asimismo, reemplazar la TV paga por el streaming de OTT de video.
Por su parte, Dish Wireless está desmantelando su red nacional de 5G después de que la empresa matriz, EchoStar, firmara acuerdos para vender espectro a AT&T y a… SpaceX. Esta última prepara su incursión directa en el negocio de la telefonía móvil en los EEUU a través de Starlink Mobile.
El derrotero reciente de EchoStar y sus subsidiarias es un resumen perfecto de la revolución satelital, entendiendo como tal un cambio profundo y radical de un orden establecido, y que sirve para mirar el escenario local.
En el caso argentino, el desembarco y expansión de Starlink no generó tantas bajas porque se produjo en un territorio poco desarrollado satelitalmente, particularmente en lo que hace a conectividad. Las limitaciones —de derecho y de hecho— a su desarrollo en gestiones anteriores hicieron que el despliegue de satélites para banda ancha en la región no apuntara hacia Argentina por ser un mercado con muchas trabas para su ingreso. Así y todo, empresas como Orbith ya sintieron el impacto competitivo de Starlink. En cuanto a la TV satelital, las cifras son elocuentes. De 2,46 millones de suscriptores a fines del 2019 en Argentina, la caída fue del 71% para llegar a los 714 mil actuales. En este caso, al igual que en el de Dish DBS en EEUU, hay una combinación de “cord cutting” propio de la TV paga con el impacto de Starlink que habilita el reemplazo por el streaming de OTT de video. Esta caída explica la fuerte diversificación de DirecTV hacia la distribución de contenidos, el streaming y la conectividad vía fibra óptica. Por el lado de la telefonía móvil, no hay indicios aún de alguna decisión que modifique el escenario actual.
Mirando a futuro, el estado actual del negocio de la conectividad satelital genera no pocas dudas respecto del devenir del satélite Arsat SG-1, que con una tecnología similar a la del más moderno satélite de Hughes (el Jupiter 3), llegaría al mercado recién dentro de 3 años. Claramente no podrá competir cuando se necesitan baja latencia y alta velocidad para aplicaciones interactivas (videollamadas, nube, transacciones financieras, control remoto, etc.) así como tampoco en los segmentos consumidor y PyME. En cuanto a los clientes corporativos, gobierno y defensa, si bien un satélite GEO todavía tiene algo que ofrecer, habrá dos obstáculos: son segmentos de muy alta competencia (hacia allí apuntan todos los operadores con satélites GEO) y con un espectro de aplicaciones que se va acotando. Es por esto que varios operadores satelitales optaron por propuestas multiórbita, combinando sus activos GEO con los LEO (propios o de terceros).
Este escenario da lugar a distintas preguntas: ¿es razonable seguir avanzando con el Arsat SG-1? Si la respuesta es sí, ¿cuál será la estrategia para cuando esté operativo? Preguntas que abren discusiones que no se están dando. Aunque deberían.
