
Existe un debate que se viene insinuando desde hace un tiempo, pero que últimamente ha cobrado más visibilidad por las declaraciones de dos referentes de la industria tecnológica como son Elon Musk y Mark Zuckerberg. Ambos presienten que el smartphone está llegando a su fin, aunque con reemplazos diferentes. ¿Es tan así?
El smartphone en su formato actual existe desde hace ya casi 20 años. El primer iPhone (que, si bien no fue el primer smartphone, dio pie a la revolución que vendría) fue presentado en sociedad en enero del 2007 y lanzado en junio de ese mismo año. Dos décadas es mucho tiempo en el sector tecnológico. Aquel primer iPhone era 2G y hoy la industria está instalada en 5G. Su formato de pantalla lo convirtió en un dispositivo más que apto para el consumo de contenidos, particularmente el video, a punto tal de introducir el formato vertical que hoy es abordado no sólo por plataformas como YouTube o las redes sociales, sino que también, cada vez más, por empresas del mundo de la TV para llegar a públicos esquivos. También abrió la puerta al infinito universo de las apps, que sirven tanto para socializar como para acceder a contenidos, transaccionar, identificarse, organizarse y toda una serie de actividades que al momento de su lanzamiento parecían inimaginables.
Si hay algo que puede potenciarlo es la proliferación de la inteligencia artificial. Pero también amenazarlo. Y esto es lo que ven ambos magnates tecnológicos. Musk, fiel a su estilo, le pone fecha al fin del smartphone: de 5 a 6 años. Zuckerberg es un poco más generoso, hablando de un plazo de 10 años, no para su desaparición, pero sí para que muchas personas dejen de llevarlos consigo constantemente.
En lo que divergen claramente es en el formato del dispositivo sucesor. Musk piensa en un formato símil smartphone que será básicamente una pantalla con parlante, pero que sólo servirá como interfaz para conectarse a la IA en la nube. Nada de sistema operativo o aplicaciones. Algo así como una terminal boba de los sistemas informáticos tan habituales en la época en la que los mainframes dominaban el paisaje tecnológico, décadas atrás. O más cerca en el tiempo, los famosos “thin clients” que amenazaron con terminar con las PC al principio de la era de Internet, pero que terminaron siendo equipos de nicho (como las Chromebooks). Zuckerberg es más radical, apostando a las gafas inteligentes que permitirán una interfaz más natural e inmersiva. Una visión alineada con (o que responde a) sus gafas Ray-Ban Meta.
No son los únicos convencidos de un sucesor para el smartphone. Sam Altman se asoció con Jony Ive —el diseñador del iPhone— para desarrollar un dispositivo de IA que también aspira a suceder al smartphone. La intención es firme, ya que OpenAI desembolsó unos US$ 6.500 M por la empresa de Ive. Todavía no mostraron el diseño ni confirmaron si será de bolsillo o wearable, pero coinciden en un punto: sin pantalla, apoyado en voz y gestos.
Aunque estos nuevos dispositivos podrían convivir tranquilamente, la visión evolutiva de Musk parece más viable que la revolucionaria de Zuckerberg (y también de OpenAI), sobre todo desde la perspectiva del input. Particularmente a la hora de ingresar texto: habrá que hablar (y que se enteren todos), hacer dibujos en el aire (como los primeros usuarios de los Vision Pro de Apple) o hacer telepatía (que hoy parece imposible, pero quién sabe).
Si bien todavía no está claro cómo será el sucesor del smartphone, sin dudas éste entró en una etapa similar a la de las PC en la actualidad: un dispositivo que no ha mostrado grandes evoluciones funcionales en los últimos tiempos, que no desaparece, pero que convive con otros que le van robando usos. La diferencia es que a la PC nadie le puso fecha de vencimiento. Al smartphone, ya son tres los que se la están poniendo.
