
Luego del pedido de Amazon a la FCC para prorrogar por 24 meses el despliegue de la primera mitad de su constelación LEO, la empresa aclaró que gran parte de este retraso se debe a la escasez de capacidad de lanzamiento para todos los proveedores de satélites —excepto Starlink, quien es dueña de sus cohetes—. El problema no es menor. Amazon LEO cuenta actualmente con 180 satélites en órbita. Para alcanzar el objetivo inicial de 1.618 satélites a julio del 2026, necesitaba lanzar 1.438 en 168 días. Considerando que cada cohete de los utilizados por Amazon puede transportar entre 24 y 27 satélites, redundaría en entre 60 y 53 lanzamientos de aquí a fin de julio. A razón de un lanzamiento cada 3 días… Resulta evidente el cuello de botella que significa la fase de lanzamiento.
Esta situación evidencia que la infraestructura satelital dejó de ser un activo estático para convertirse en una cadena de producción industrial. Por lo tanto, su viabilidad económica y operativa depende no sólo de la capacidad industrial de fabricar satélites sino también de la de su lanzamiento en forma continua y sostenida durante años. En este aspecto, Starlink, con su capacidad propia de lanzamiento, tiene un activo estratégico clave frente a sus competidores. Y lo que ya lleva desplegado, unos 9.669 satélites, le da una delantera que parece cada vez más insalvable, habida cuenta que le da varios años de ventaja frente a sus competidores, lo que le permite conquistar mercado en soledad. Será muy difícil destronarla.
