Continuando con su plan de retirada de Hispanoamérica, se conoció esta semana la venta de la operación de Telefónica en México al consorcio Melisa Acquisition por unos US$ 450 millones. El acuerdo está pendiente de aprobación regulatoria, la que se da por descontada, ya que no alteraría el escenario de competencia ni produciría ningún tipo de concentración de mercado ni conflictos regulatorios.
Se puede decir que la operación mexicana de Telefónica es atípica si se la compara con el resto de las que conformaron la cada vez más reducida Telefónica Hispam. En México, Telefónica solo ofrece servicios móviles y lo hace sin espectro ni red de acceso, aunque sí mantiene su core (o red central). Por lo tanto, técnicamente no es un OMV, aunque usa el espectro y las antenas de AT&T México. Aun así, cuenta con 21,7 millones de líneas. Si se compara con la venta de Argentina —que tenía una cantidad similar de líneas móviles (19 millones) más espectro y antenas y, además, una importante red de banda ancha fija (mayormente de fibra óptica) que atendía 1,5 millón de accesos a Internet y unos 425 mil abonados de TV paga—, el monto obtenido parece en línea con los US$ 1.245 millones de la transacción local.
Si bien el proceso de retirada de la región se inició en 2013 con la venta de operaciones en Centro América y se profundizó en 2019, cuando se anunció la Telefónica Hispam, no fue sino hasta el cambio de CEO, en enero de 2025, que cobró una velocidad alucinante que desembocó en la venta de las operaciones bajo su órbita. Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia, Chile y México fueron vendidas en poco más de un año. De este modo, Telefónica está a punto de poner el broche final a una estrategia impulsada por César Alierta —cuya gestión abarcó de 2000 al 2016— que ubicó al operador como la primera empresa de telecomunicaciones del mundo hispanohablante, estrategia que le valió en su momento la comparación con la conquista española de América. Siguiendo con la metáfora, actualmente estaría atravesando la etapa final de las guerras de independencia, con la diferencia de que ahora se fueron por decisión propia.
Ahora solo queda Venezuela en el portfolio de Hispam, un activo que algunos estiman se revalorizó luego de la intervención de los EE.UU. en aquel país, aunque todavía no se puede decir que la situación esté normalizada. De lo que no hay dudas es que Venezuela será quien apague la luz.
